
Procedente del oeste de la cuenca mediterránea, la lavanda era ya utilizada por los romanos para perfumar los baños.
La propiedad más importante de la lavanda es precisamente su capacidad para restablecer el equilibrio del cuerpo y el alma por sus efectos calmantes y relajantes.
El trigo, por su parte, es originario de Oriente Medio y Egipto desde hace aproximadamente 5.000 años antes de Cristo. Rico en vitamina E (antioxidante natural), el trigo es revitalizante y calmante. Está especialmente recomendado para las pieles secas y fatigadas.