
Originario de China, este fruto se desarrolló en Nueva Zelanda y en 1906 adoptó de forma natural el nombre de "kiwi", ave sin cola y pico alargado emblema del país.
Su pulpa verde y azucarada, cubierta por una piel aterciopelada, contiene un centenar de minúsculas semillas. El kiwi es fuente de vitamina C, pero también de vitamina A y E, calcio y hierro.