
El albaricoque es originario del nordeste de China, junto a la frontera con Rusia. Los romanos lo importaron de Grecia y lo introdujeron en Europa hacia el año 70 antes de Cristo.
Conocido por su efecto rejuvenecedor sobre todos los tipos de piel, se le atribuyen desde tiempos inmemoriales virtudes nutritivas e hidratantes para las pieles secas, así como propiedades suavizantes. Fino y no graso, el aceite de albaricoque penetra rápidamente sin dejar restos de grasa en la piel. Aporta un "toque de luminosidad" a las pieles apagadas.